lunes, 28 de abril de 2014

Disco del Mes: Bob Welch - French Kiss



Bob Welch
French Kiss
1977










Capitol Records






sábado, 26 de abril de 2014

David Bowie - The Man Who Sold the World


Un personaje tan grande, polémico e inabarcable que es casi más grande que su propia música, David Bowie ha sabido manejar sus cambios de imagen con tanta habilidad que es prácticamente intocable, sabiendo disimular sus momentos menos inspirados (que son varios) y siendo víctima de cierta adoración un tanto snob por parte de gente que, en realidad, nunca escuchó detenidamente sus discos.

Un detalle no menor es el hecho de que tardó muchísimo en “pegarla”, venía grabando desde mediados de los sesenta, con diferentes bandas y estilos e incluso sus primeros discos importantes -Space Oddity y este- no fueron del todo exitosos y, como todos sabemos, la cosa cambiaría radicalmente a partir de Ziggy Stardust.

Ya con el simple “Space Oddity” su primer temazo en serio se veía venir que el tipo era un talento impresionante y después vendría The Man Who Sold the World, en el ’70, el disco que más duro roquea de todos los que grabó en su vida, el más pesado, prácticamente un disco de hard rock. Pero claro; Bowie es demasiado inteligente para subirse a una movida e imitarla descaradamente, sin aportarle su personalidad al conjunto y por eso es un LP interesante, raro. A pesar del famosísimo cover (increíblemente respetuoso) que hizo Nirvana en su Unplugged del tema que dá título, sigue siendo un ítem relativamente inexplorado en la extensa discografía del Duque Blanco.

Acá aparece Tony Visconti por primera vez, que además toca el bajo, quien sería el productor de varios de sus grandes trabajos y el gran Mick Ronson, uno de los héroes anónimos de la historia del rock ‘n’ roll, encuentra su sonido de guitarra patentado, ese sonido gordo e inoxidable forjado a partir de muros de power-chords y solo simples y directos pero llenos de gancho. Hay que escucharlo en el final de “Black Country Rock” para entender la grandeza de Ronno -su apodo- como guitarrista. Es uno de los trucos más perfectos de Bowie; empezar una canción aparentemente simple y llevarla lejísimos en cuestión de minutos. “The Width of a Circle” abre el disco a guitarrazo limpio, tema épico si los hay, ocho minutos de rock poderoso, nunca volvió a roquear de manera tan agresiva y convincente Bowie, al menos no en los discos que importan. En “After All” muestra su faceta de folkie interestelar, componiendo a partir de la guitarra acústica pero yendo sin escalas a otra galaxia, repitiendo un poco el truco de “Space Oddity” pero llevándolo aún más lejos. Casi está demás decir que Bowie es un letrista enorme, sabe disfrazar, sabe ser enigmático sin pasarse de la raya y conoce a la perfección las técnicas para capturar la atención y se puede decir que recién acá, en este disco, encuentra su voz como escritor, como poeta alucinado, jugando con el idioma con mucha elegancia.

Algo que nadie dice es que a Bowie se le terminó la nafta relativamente pronto, los fanáticos acérrimos le soportan cualquier porquería y se bajan los pantalones incluso cuando se tira un eructo. Pero nadie le puede restar el mérito por todo lo que hizo en la década del setenta, cambiando de géneros como nadie y haciendo todo bien. Son por lo menos diez discos totalmente indispensables. No cualquiera.




Chequear también:
David Bowie - Diamond Dogs
T. Rex - Dandy in the Underworld
Roxy Music - Stranded


martes, 22 de abril de 2014

Video de la Semana: CSN&Y - Down By the River



En vivo en Big Sure. ¡Qué tipo feo Crosby! Pero... ¡Que linda guitarra tiene y que bien sus armonías altísimas! Nash al teclado, Neil y Stills trenzándose en un duelo de guitarras en el super clásico de Everybody Know This Is Nowhere. Joan Baez y Kim Fowley aparecen bailando por ahi re stoneados.



domingo, 20 de abril de 2014

Sharon Van Etten - Tramp


Mientras que algunos no dejan de llorar por aquellos buenos viejos tiempos otros estamos completamente convencidos que esta época en que nos tocó vivir tiene muchas a favor. Por empezar ya nadie te viene a decir aquello de “esta es la banda más grande del mundo” o “esto es lo que hay que escuchar”. Por supuesto que hay bandas que se vuelven enormes y terminan sonando en todos lados pero uno sabe automáticamente que esas son las que no merecen la más mínima atención.

Hoy en día los artistas que valen la pena ya no se vuelven grandes sino que terminan pasando de boca a boca a través de ciertos sitios de Internet o algunas revistas especializadas que todavía se preocupan por buscar por debajo de la superficie.

Y Sharon Van Etten es una gran artista, sin dudas. Tiene tres discos de estudio en su haber y está por sacar un cuarto LP, supuestamente este año. Con Tramp logró pergeñar una verdadera obra maestra. Es un disco que se puede poner comodamente al lado de los grandes discos “de ruptura” de la historia de la música popular, al lado de Blood On the Tracks, de Blue de Joni Mitchell e incluso Sea Change, el enorme disco de la tapa rosa de Beck.

Van Etten escribe todas sus canciones, toca la guitarra, escribe unas letras dignas de atención y canta como una sirena, con una voz que es capaz de envolver en una atmósfera de ensueño sin siquiera prestarle la atención que suele hacer falta para este tipo de “traslados sin viajar” (frase choreada a George Harrison, claro). En Tramp se asumen culpas, se examina una relación con una mirada adulta e inteligente, evitando los típicos lugares comunes, Van Etten sabe sumergirse en su tristeza y salir a flote gracias a su música, a su exorcismo a través de la palabra: “todos cometemos errores, todos tratamos de liberarnos de las visiones del pasado” canta en “All I Can”, unos de los picos emocionales indiscutidos del disco. Se hace preguntas todo el tiempo, tratando de entender el absurdo de la situación, intentando explicaciones pero sabiendo que está dispuesta a que todo vuelva a pasar porque al fin y al cabo somos criaturas dependientes y necesitamos de alguien que nos ame y nos haga ver nuestras miserias.

“Tratando de respirar con dificultad, con la cabeza entre las rodillas, agarrá mi mano con fuerza y decime que estamos bien, susúrrame al oído ‘estoy felíz de que estés acá’, todo parece más claro ahora” dice la letra de “We Are Fine” en medio de una melodía que haría morir de envidia a PJ Harvey.

Ahora queda ver que pasa con el inminente cuarto disco de estudio, que ya ha sido grabado y debe estar muy pronto a aparecer, por lo que ha demostrado hasta ahora, es muy probable que sea otro gran disco de estos que terminan pasando semi-desapercibidos. Aunque no para todo el mundo, por suerte.




Chequear también:

Patti Smith - Dream of Life
Sharon Van Etten - Epic
Trembling Bells - Abandoned Love

miércoles, 16 de abril de 2014

Programa Especial nro. 24 en Fuera de la Nada



En el país del cogenunquismo y del prohibido divertirse este género nunca prendió demasiado. No importa, una vez que entrás en el mundo del power pop ya no hay vuelta atrás.

Vamos a celebrar el género de las guitarras fuertes, los coros en armonía y los estribillos inolvidables. Este viernes a las diez, como siempre.

Escuchalo en radiopura.com









lunes, 14 de abril de 2014

5 Canciones 5: Power Pop!


I'm a Believer
Bram Tchaikovsky
Una de las características del género era que estaba bien otra vez mirar para atrás en el tiempo, en la historia de la música, incluso se podía reivindicar lo que se consideró chatarra una vez, en este caso un tema de la banda "títere" The Monkees. De las cenizas de The Motors nace Bram Tchaikovsky y la versión es un ejemplo perfecto, guitarras a todo volumen, fuerza, gancho y armonías vocales.

Aparece originalmente en: Strange Man, Changed Man (1979)


Little White Lies
The Romantics
Notablemente superior a la versión del mismo tema que terminaría resurgiendo en el primer LP de los Romantics, "Little White Lies" es rock 'n' roll de los 50s con una pátina de brillo, con un ataque bien frontal de la base rítmica, un estribillo memorable de esos que se te adhieren para siempre y te hacen bailar o -como mínimo- mover la patita al compás. Una de las pocas bandas exitosas del género.

Aparece originalmente en: Little White Lies / I Can't Tell You Anything [single] (1977)


Cynical Girl
Marshall Creeshaw
Algo así como una versión yanqui de Elvis Costello con un toque de Nick Lowe y las guitarras Rickenbacker de doce cuerdas de los Byrds de la primer etapa, la de Mr. Tambourine Man. Marshall Creenshaw tuvo lo más parecido a un hit de su carrera con esta bomba power pop de tres minutos y fracción, extraído de su primer LP de estudio.

Aparece originalmente en: Marshall Creenshaw (1982)


I Wanna Be Your Boyfriend
The Rubinoos
No confundir con el tema homónimo de Ramones, los Rubinoos eran punk rock sin la agresión y sin la bronca, con sentido del humor y con un lavado de cara listo para sonar en cualquier radio. Progresión de acordes, la misma de siempre, de esas que te hacen rogar por la llegada del estribillo, velocidad, nervio, voces agudas armonizadas... todas las características del mejor power pop.

Aparece originalmente en: Back to the Drawing Board (1979)


Out of My Head
20/20
En los tres discos de estudio de 20/20 hay un número incalculable de hits en potencia. Hits que jamás fueron, claro está. Tuvieron sus breves quince minutos de gloria con el himno drogón "Yellow Pills", pero en el segundo disco de estudio, en Lookout! aparece esta joyita con un gustito a Motown. Imposible no bailar.

Aparece originalmente en: Lookout! (1981)




miércoles, 9 de abril de 2014

Townes Van Zandt - Tower Song



La gente se divide en grandes grupos o sub-grupos pero hay dos que son muy grandes; los que saben apreciar una balada de las buenas y los que no. Está la gente que considera a un tema como este "un bajón" y estamos los que sabemos que cuando la cosa viene por este lado es porque hay que parar la oreja y escuchar la letra.

Townes Van Zandt es una hallazgo posmoderno, hay que decirlo, en vida no le vendió un disco a nadie, yo lo conocí por su magnífica versión de "Dead Flowers" en El Gran Lebowsky y de ahí en más no paré, todos sus discos hasta Flyin' Shoes son completamente indispensables.

Esta joya es de las que hacen que un cantautor sea diferente y genial; decir lo que todos pensamos y atravesamos pero de una manera diferente e ingeniosa. "Contruís tu torre larga y alta, no podés ver que un día se va a venir abajo".

Inapelable.








Encontrala originalmente en:
Protagonista de una seguidilla de discos impecables, son siete en total desde For the Sake of the Song del '68 hasta el ya mencionado Flyin' Shoes del '78. Esta es del cuarto LP de estudio, otro discazo enorme.
Delta Momma Blues  (1974)





sábado, 5 de abril de 2014

Los Rodríguez - Palabras más, palabras menos


Ya pasaron casi veinte años desde que salió este disco. ¡Veinte años! Ahora se puede volver a escuchar algunas de las canciones, sobre todo esas que sonaban incluso en los supermercados, doblabas una esquina y ahí estaban, entrabas a un negocio y te las encajaban y ni hablar de los bares. Era muy fácil odiarlo, demasiado.

Andrés Calamaro es un tipo que, como mínimo, polariza opiniones, casi no hay medias tintas cuando alguien se refiere a él, o lo odian con vehemencia o lo adoran incondicionalmente. Un poco de distancia en el análisis no viene mal. Nadie puede negar que se mandó diez mil cagadas, tiene un buen puñado de canciones horribles, tiene un enorme problema en eso de auto-editarse y sus apariciones televisivas son la auto-parodia del rockero reventado, mediático y un poco patético. Pero cuando acierta es infalible y en este disco hay varios aciertos, unos cuantos.

Escuchá ahora “Aquí no podemos hacerlo” la oda al fasito -un poco obvia- y fijate que envejeció bastante bien, está tocada magistralmente, es un reggae muy creíble. Está bien, la escuchaste un millón de veces y no hay nada que encontrarle, pero podés saltearla que en los “tapados” está la papa en Palabras más, palabras menos. En “Todavía una canción de amor” está el primer tema enorme del disco. Gran letra, excelente melodía, buenos cambios de acordes, arreglos inteligentes, emotividad a flor de piel, fuerza, cantado a puro corazón. Casi indiscutible, se podría decir. El tema que dá título también es ganador, bien punk rock, parece simple pero no lo es. ¿Cuántas versiones horribles viste de esta canción por banditas mediocres? El peor lado de Calamaro, ya lo han dicho varios, es el enorme séquito de imitadores que jamás terminan de entenderlo.
“El tiempo dirá”, otro de los grandes temas del disco, tiene una base rara, potente, va para adelante con fuerza y se nota que los músicos están pasando un gran momento mientras graban y te lo imaginás a Andrés cantándolo con una sonrisa medio maléfica. Si lo cantara Paul Westerberg estaríamos todos bajándonos los lienzos ante este temazo. Después sigue otra demostración de astucia, de robo “con guante blanco”, de la mano de “En un hotel de mil estrellas”. Es “On the Nickel” de Tom Waits con una vuelta de tuerca, incluso en la letra, esa mirada lastimera y compasiva de la gente pobre, los que duermen a cielo abierto, incluso la melodía se parece un poco, el clima… es directamente el mismo. “La puerta de al lado” podría ser cualquier tema de Los Lobos, con esas letras tan de Andrés que no se sabe muy bien de que hablan pero que te hacen despertar el costado melancólico que todos tenemos, acá todavía faltaba un rato para las rimas estúpidas y la limadura hecha pública.

Como ya dijimos antes, es muy fácil odiarlo a El Salmón, es muy famoso, siempre tiene a la mejor minita abajo del brazo y no se cansa de hacer gansadas de todo tipo. Pero es casi imposible no reconocerle algunos aciertos y Palabras más, palabras menos, con sus temas descartables y todo, fue un golazo de mitad de cancha.




Chequear también:
Bob Dylan - Empire Burlesque
Andrés Calamaro - Honestidad brutal
Los Lobos - Good Morning Aztlán



martes, 1 de abril de 2014

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